En los festejos Oficiales se ha incluido una gran porción de conflictos, conflictos que han enrarecido el festejo y demostrado la decadencia del tiempo de hoy.
Así para la cena oficial que ofreció el Poder Ejecutivo Nacional no fue invitado el Vicepresidente Julio Cobos, ni los Ex Presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa, ni el Ex Presidente Provisional Eduardo Duhalde. Este es un acto insólito. No se invita por los actos de gobierno, sino por la investidura que ejercieron. El Poder Ejecutivo Nacional ha actuado de acuerdo a sus veleidades personales. Con la misma falta de ponderación a sus deberes, la Presidente decidió no asistir, y no asistió, a la tradicional función de gala del Teatro Colón, que además implicaba su reinauguración. No es menos cierto que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se comportó como un egocéntrico y arbitrario, pues trasladó sus quejas al escenario de la fiesta patriótica. No corresponde que un Jefe de Gobierno, en este caso el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tras invitar a la Presidente a la Función de Gala en el Teatro Colón, declarare públicamente que si va con su marido tenía que sentarse al lado del esposo, Néstor Kirchner, lo cual no lo ponía contento, aunque después se halla disculpado. El Jefe de Gobierno exteriorizó una animosidad que no se corresponde con el cargo que detenta. En su manifestación incluyó una expresión no amistosa.
Simplemente, los Jefes de los distintos ejecutivos, deben callar sus sentimientos. La Señora Presidente no puede tampoco descalificar públicamente, tratando de hipócrita, la actitud del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. También es descalificante la no invitación al Vicepresidente como a los Ex Presidentes.
Estas conductas de líderes auto referenciales, son expresiones que rarifican la crisis dirigencial que atraviesa nuestra República, máxime cuando se encuentran en el medio las celebraciones del Segundo Centenario.
Muchos creíamos que iba a ser distinto; pero lamentablemente no fue así. Aplicando el común denominador no nos debe sorprender esta atmósfera confrontativa que se ha repetido ininterrumpidamente hasta ahora; y lo más triste es que no respetan una de las celebraciones más importantes, al no ceder, con el clima de enemistad, de ensañamiento y de enfrentamiento. Puedo afirmar que la sociedad esta preocupada, aunque esté en silencio, y los medios están en la crítica banal pues no se ocupen en exaltar las consecuencias que todo ello acarea, que no son solo a nivel nacional, sino que trascienden, y dan que hablar a la prensa extranjera. No olvidemos que en ambos actos habrá invitados extranjeros, como mandatarios, embajadores, legisladores, y representantes de distintos sectores del quehacer internacional.
Resalta, por su ausencia, la concordia que pudo haber otorgado un sello de unidad en ocasión del Bicentenario. Estos gobernantes con poder están incitando a la sociedad a dividirse. No entienden que los argentinos, como cualquier ciudadano de cualquier otro país, necesitamos vivir en paz, por lo menos, y no a leer en los diarios, y encima como notas de tapa, estas peleas insulsas cuyos protagonistas son ególatras. Debemos buscar dirigentes que estén en las antípodas, es decir, que busquen la convivencia, la concordia, que proyecten un futuro previsible. O cambian, o debemos buscar el cambio con nuevas figuras que tengan otros valores y patrones de conducta; aunque sean desconocidos. Para aprovechar las oportunidades del contexto mundial para promover el desarrollo económico, social, cultural entre otros de la Argentina. Tenemos que recuperar el sentido de la política como acción de consenso, y rechazar la fractura que se quiere implantar, y que la oposición tampoco entiende o no quiere entender o entiende pero le gustan las peleas al estilo de Aníbal Pachano y Graciela Alfano en Bailando por un Sueño. Los ciudadanos tenemos que ser la parte más importante de la solución.
Así para la cena oficial que ofreció el Poder Ejecutivo Nacional no fue invitado el Vicepresidente Julio Cobos, ni los Ex Presidentes Carlos Menem y Fernando de la Rúa, ni el Ex Presidente Provisional Eduardo Duhalde. Este es un acto insólito. No se invita por los actos de gobierno, sino por la investidura que ejercieron. El Poder Ejecutivo Nacional ha actuado de acuerdo a sus veleidades personales. Con la misma falta de ponderación a sus deberes, la Presidente decidió no asistir, y no asistió, a la tradicional función de gala del Teatro Colón, que además implicaba su reinauguración. No es menos cierto que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se comportó como un egocéntrico y arbitrario, pues trasladó sus quejas al escenario de la fiesta patriótica. No corresponde que un Jefe de Gobierno, en este caso el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tras invitar a la Presidente a la Función de Gala en el Teatro Colón, declarare públicamente que si va con su marido tenía que sentarse al lado del esposo, Néstor Kirchner, lo cual no lo ponía contento, aunque después se halla disculpado. El Jefe de Gobierno exteriorizó una animosidad que no se corresponde con el cargo que detenta. En su manifestación incluyó una expresión no amistosa.
Simplemente, los Jefes de los distintos ejecutivos, deben callar sus sentimientos. La Señora Presidente no puede tampoco descalificar públicamente, tratando de hipócrita, la actitud del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. También es descalificante la no invitación al Vicepresidente como a los Ex Presidentes.
Estas conductas de líderes auto referenciales, son expresiones que rarifican la crisis dirigencial que atraviesa nuestra República, máxime cuando se encuentran en el medio las celebraciones del Segundo Centenario.
Muchos creíamos que iba a ser distinto; pero lamentablemente no fue así. Aplicando el común denominador no nos debe sorprender esta atmósfera confrontativa que se ha repetido ininterrumpidamente hasta ahora; y lo más triste es que no respetan una de las celebraciones más importantes, al no ceder, con el clima de enemistad, de ensañamiento y de enfrentamiento. Puedo afirmar que la sociedad esta preocupada, aunque esté en silencio, y los medios están en la crítica banal pues no se ocupen en exaltar las consecuencias que todo ello acarea, que no son solo a nivel nacional, sino que trascienden, y dan que hablar a la prensa extranjera. No olvidemos que en ambos actos habrá invitados extranjeros, como mandatarios, embajadores, legisladores, y representantes de distintos sectores del quehacer internacional.
Resalta, por su ausencia, la concordia que pudo haber otorgado un sello de unidad en ocasión del Bicentenario. Estos gobernantes con poder están incitando a la sociedad a dividirse. No entienden que los argentinos, como cualquier ciudadano de cualquier otro país, necesitamos vivir en paz, por lo menos, y no a leer en los diarios, y encima como notas de tapa, estas peleas insulsas cuyos protagonistas son ególatras. Debemos buscar dirigentes que estén en las antípodas, es decir, que busquen la convivencia, la concordia, que proyecten un futuro previsible. O cambian, o debemos buscar el cambio con nuevas figuras que tengan otros valores y patrones de conducta; aunque sean desconocidos. Para aprovechar las oportunidades del contexto mundial para promover el desarrollo económico, social, cultural entre otros de la Argentina. Tenemos que recuperar el sentido de la política como acción de consenso, y rechazar la fractura que se quiere implantar, y que la oposición tampoco entiende o no quiere entender o entiende pero le gustan las peleas al estilo de Aníbal Pachano y Graciela Alfano en Bailando por un Sueño. Los ciudadanos tenemos que ser la parte más importante de la solución.
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